El cuaderno del bolsón
Florence-Cassez20

Je suis désolé

Imaginemos este escenario: Corte A: Florence Cassez está cenando con su novio, Israel Vallarta, y sus amigos en el rancho “Las Chinitas”. Vallarta se dirige a ella: “Mi amor, ¿puedes preguntarle a nuestros invitados que están en piso de abajo si quieren cenar; avísales que hay de dedos y de oreja”. Cassez tomó un cuchillo. Bajó las escaleras apresurada. Llegó al sótano. Abrió la puerta con el cuchillo (supongamos que para eso era, la historia debe cuadrar). Encendió la luz. Con su acento francés entre-gárgaras preguntó: “¿dedo u oreja?” a ‘los invitados’ que estaban tirados en el piso, amarrados, amordazados. Ninguno contestó. “Tal vez no tengan hambre”, se dijo. Semanas más tarde, Ezequiel Elizalde confundió las intenciones de Cassez y su testimonio fue suficiente para encarcelar a la francesa. Pobre Florence; ella que sólo quería ser amable.

Sólo así se puede explicar el contraste entre las declaraciones de los implicados: “Yo no sabía nada de lo que hacía (Israel Vallarta)”, juraba Cassez. “No sabía nada”. Mientras Elizalde la identificaba como la encargada de decidir el método de tortura: “me daba a escoger entre dedo y oreja”. No sabemos nada más. En el supuesto de la sacrosanta presunción de inocencia: Florence es inocente y todo es producto de una espantosa confusión; seguro las intenciones de Florence eran otras, si es que la inocente (ilusa) no sabía qué hacían Elizalde y compañía encerrados en el sótano del rancho. Pero nadie escucha. Dos ‘verdades’ se confrontan, pero nadie sabe qué pasa. Ni lo supo. Ni lo sabrá. Y al final no queda más que decir “je suis desolé”. Lo siento, Florence, por haberle hecho sufrir tanto. Siete años de escarnio. 

Florence Cassez despertó en París cuando el día anterior dormía en una celda en México. Le quedaban 53 años para pagar su condena por secuestro, delincuencia organizada, y posesión ilegal de armas de fuego. Con tales antecedentes quedó libre, inmediatamente, gracias al proyecto de sentencia redactado por la Ministra Olga Sánchez Cordero. Y campanas al vuelo, que las puertas del Tártaro se habían abierto, de par en par…

Lo que la SCJN debatía no era la culpabilidad de Cassez, sino las irregularidades cometidas contra ella en el momento en que fue detenida por la extinta AFI (Agencia Federal de Investigación). En estricto sentido, la sentencia fue coherente con el proyecto y las pruebas que lo sustentaban; Cassez había sufrido violaciones a sus Derechos Humanos, todos independientes de su condición de ‘presunta culpable’ (como tantos otr@s hay, cierto, cuyas historias están soterradas, quizá porque no hayan sido la génesis de un conflicto diplomático internacional). Los Derechos Humanos son irrenunciables e innegociables. La sentencia es consecuente con el Estado de Derecho. La paradoja está instalada. La liberación de una acusada de secuestro tonifica el Estado de Derecho. No podía ser de otra, política Made-In-Mexico.

Pero las lecturas van más allá. Como ciudadano me siento defraudado y seriamente descuidado. El fortalecimiento del Estado de Derecho no es intrínseco a la evolución de los mecanismos de prevención del delito, y mucho menos en la detención de los inculpados. México es un país en el que no tenemos la certeza de nada, ni siquiera de si un ladrón lo fue o no. Todos somos ‘presuntos’, potenciales sospechosos de algo que no hicimos; todos menos el verdadero perpetrador. El sistema judicial queda desintegrado a las conciencias de cada quien, muchas de las cuales ya están lo suficientemente magulladas y pervertidas como para crear un verdadero dilema moral. El problema no subyace en el 99% de los crímenes impunes, ni las sentencias dictadas por el azar, precedidas de mil anomalías contra la más elemental noción de justicia, sino en la acción del delito en sí. Tan brutales suele ser el actuar de las fuerzas del Estado en las detenciones ‘in fraganti‘ (quizá orillados por la reciprocidad con la que actúan los criminales), que legitiman al delinquidor, no obstante qué tan abominable haya sido su crimen.

En México el modus-operandi lógico del modelo judicial está patas-arriba; en cualquier país donde la cordura impere, la víctima es quien recibió la acción del delito, el acusado es tildado de inocente (hasta que se le demuestre lo contrario, lo cual no suele tardar demasiado), el Estado inquisidor aplica la ley y los medios no toman parte más que para informar de lo sucedido. El modelo extrapolado a México desarrolla el siguiente esquema: la victima son el detenido y los medios que informan de la detención, ya que han sido engañados por el Estado, quien se convierte en el acusado (rol que recae en el ahora célebre e impresentable Genaro García Luna), y la víctima queda fuera de la ecuación, relegada al olvido total. El México surrealista que contempló Bretón nunca adquirió mayor coloratura con el caso de la franchuta ‘culpable-inocente-víctima-quiénsabequé’.

La función primordial de todo sistema de justicia es brindar protección a los ciudadanos y juzgar a quienes cometan un delito. El sistema mexicano no sólo yerra en la primera, sino también en la segunda; es incapaz de juzgar adecuadamente a sus acusados. Luego entonces, tenemos argumentos suficientes como para pensar que la famosísima teoría del Estado fallido no sea del todo tan desatinada. El modelo judicial mexicano legitima al acusado y deslegitima a las fuerzas del Estado, a la ley, y quienes tienen la función de aplicarla. Por ello, en México el acusado de un delito, cualquiera que sea, siempre poserá una innata aura de inocencia, porque antes que los delincuentes, las autoridades pertinentes son de menos fiar. El mundo al revés, total.

Corte B: “Et, dès que je l’apercois / Alors je sens en moi / Mon coeur qui bat”, tararea Florence Cassez, y no con dedicatoria a Vallarta, mientras camina hacia la camioneta que la llevará al aeropuerto de la Ciudad de México. La vida es rosa cuando 53 años se convierten en nada. Cassez come potaje en Tepepan. Cassez cena con Sarkozy. Cassez charla con sus custodias. Cassez estrecha la mano de Hollande mientras contempla los majestuosos candelabros del Elíseo. Hay una celda vacía, que alguien, quien sea el culpable verdadero, no la está ocupando. Cassez está en Francia, aunque nunca se le haya demostrado su inocencia. Hay una celda vacía…¿Quién ha ganado?

Pardonne-nous, Florence. Nous sommes tous desolés. Antes la acusada recibió una disculpa que las víctimas y los familiares de las víctimas, quienes la siguen esperando, además de la justicia. Yo lo siento mucho, no por Florence, sino por las víctimas verdaderas y por el futuro nuestro país. Y el mismo sentimiento se replica en cada ciudad, de Tijuana a Tapachula.  El sabor amargo del saber que se hizo justicia, pero no. Nous sommes tous desolés.

About these ads
This entry was published on January 29, 2013 at 12:49 pm. It’s filed under Política and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

%d bloggers like this: