El cuaderno del bolsón

Funeral monumental. Las ruinas de Núñez

Un hilo de sangre se desborda desde el Río de la Plata hasta el Estadio Monumental. El eco de los cánticos, ahogados en lágrimas de furia y sollozos agonizantes, retumban en las paredes destrozadas por palazos arteros; las vallas torcidas, el pasto asqueado de terror, deshonra, aflicción. Una vitrina triturada, pedacitos de vidrio esparcidos por el piso conducen a un espacio vacío que alguna vez ocupó algún trofeo, robado por alguien en medio de la histeria y el desconsuelo. Un hincha se robó un trofeo; seguro ha sido fundido y el líquido aureo arrojado al Río de la Plata para completar el ritual. El sacrificio se ha consumado. Las cenizas calcinadas del gigante han sido ofrecidas a la perpetuidad del agua, esparcidas a pie del inprofanable terruño, monstruo en ruinas, coloso demolido. Le acompañan bufandas ensangrentadas. Cuatro letras “CARP” que se diluían entre la sangre. El trofeo fundido y el agua. Una catarata de lágrimas arrastradas por la gélida brisa del invierno austral. La angustia de vivir en el infierno.

A River le robaron un trofeo; le robaron su historia dirigentes rapaces y cutres, hinchas cicateros y embusteros, cuya paradoja estiró la cuerda que River tenía tan amarrada al cogote que una banda de sangre le atravezaba las entrañas, con escala directa al corazón, sobre el cuerpo blanquecino; apoyar para robar, o robar para apoyar. Pactos malditos. Cosas buenas que parecen y fueron malas. A River le masacraron el orgullo. Los mismos que decían pelear por él “con las patas por delante”. A River le han asesinado. Las esquirlas del funeral monumental surcan toda la Argentina. El mundo. No hay nubes de papelitos en blanco y rojo que manan de los cielos para cobijar al titán. Ni brazos atrofiados por la cadencia del eterno vaivén hacia el firmamento. “Dale, dale, River”. La mano que viene y va, en movimiento elíptico y los dedos tiesos, como para impulsar al viento; y que éste al equipo. No hay nada. Ni siquiera pantaloncillos negros; son blancos. A River le robaron la esencia. Las luces están apagadas. Y un hilo de sangre se desborda desde el Río de la Plata hasta la Patagonia.

El fútbol es narrativa. River despojó al fútbol argentino su figura antagonista, preponderante para atricular el conflicto que necesita toda historia para su perenne revitalización. Un conflicto en igualdad de fuerzas, valores contrapuestos, victorias y derrotas, bronca y pasión; pero nunca un claro vencedor. Mantener el conflicto intacto supone la vitalidad imperecedera de la historia. Sino, queda la nada. Sin conflicto no hay historia, y sin historias no hay vida. La Argentina será un cortejo de partidos fúnebres. Una narrativa alborotada e incompleta, acatártica, deshabrida. Y existen pequeñas historias pero ninguna tan magnífica como la que reviran los barrios porteños; Independiente-Racing, Newell´s-Rosario Central, Estudiantes-Gimnasia, Argentinos-All Boys, River y Boca. River desbarató la narrativa del fútbol argentino. Al otro lado del río, por el barrio de la Boca un puñado de velas en azul y oro custodian al viaje al purgatorio del alma enemiga. La Boca vela a su muerto. En el fútbol, el peor enemigo es lo mismo que el mejor amigo. El pésame, en medio del velorio caótico y mortífero, lo recibe Boca, quien ha perdido ha perdido algo de su alma. Razones de existir. Ninguno es sin el otro. Ambos, condenados a la intransigencia de vivir sólos. Heridos de muerte.

Es de noche. El día después del viaje al infierno. Por el coloso de Núñez deambulan los fantasmas sollozantes de Bernabé Ferreyra y Carlos Peucelle. Los goles de Crespo al América de Cali son espejismos calcinados por la maldición. Sólo queda el eco de añejas épocas de gloria y pompa. Las ruinas de un gigante que fue y pereció tras una larga agonía inducida por sí mismo. Queda el pasto ensangrentado, la banda de sangre escurrió hasta diluir el negro de los pantaloncillos y borrar de tajo un siglo de historia. No fue un sólo trofeo la víctima del fuego; 33 ligas argentinas, 2 Copas Libertadores, 1 Supercopa de América y 1 Copa Intercontinental, también han sido fundidas por el calor del averno. A River le arrancaron la vida. Y la historia se diluyó en tan sólo dos minutos, en medio de la furia y el horror. Tres años no bastaron. El penal errado por Pavone sólo fue una anédcota, la cereza de la maldición. Salvar a un enfermo por 3 años en una sola jugada es una pretención narcisista. River tenía que sufrir. Para revivir y resguir, primero habría de morir. River agonizó semana a semana y nadie parecía notarlo. Sólo hasta que entró en coma, los usureros reviraron. Demasiado tarde. Las joyas del millonario fueron extipradas por un pirata cordobés de celeste y negro quien asaltó Núñez y le prendió fuego para consumar el atraco. Sin piedad. Nunca el millonario fue más gallina, más fallón; el gigante más pequeño. Los ojos le cerraron. Es de noche ya. Lo será por un rato.

26 de junio de 1996. River campeón de América. Llueven luces albas y pólvora carmesí, bengalas como chorros de fuego. Mil papelitos picados como una plaga bíblica. Núñez berrea felizmente su noche más radiante. 26 de junio de 2011. River es de Segunda División. Llueven palos y asientos. Profanos y vandoleros camuflados de hinchas. Lamentos mortíferos, berreos infernales, la angustia más absoluta, la muerte en vida. Núñez rabia su tarde más terrorífica. Ferreyra, Carrizo, Di Stefano, Sívori, Gallego, Pasarella, “Bambino” Vieira, Gorosito, Francescoli, Solari, Crespo, Salas, Mascherano, Higuaín, Saviola, Gallardo, Almeyda (éste último, convertido de jugador en entrenador en 24 horas); a River le asesinaron la mística. ¿Grande aún tras el descenso? ¿Cómo será recordado Pasarella en la historia de River? ¿Como “El Káiser” que siempre fue, o como el inepto desvalido que cargó con el descenso y mil culpas ajenas? El tiempo dirá. Mientras, un hilo de sangre se desborda desde el Río de la Plata hasta las ruinas de Núñez. El funeral ha terminado. El humo se ha disipado. Las luces se han apagado. Descanse en paz.

Otros descensos de equipos importantes:

.Manchester United (1974). Ya sin Best, Moore y Charlton, el United se sumió en una profunda crisis económica y deportiva que le llevó a permanecer un año en la Segunda División Inglesa. No era aún el equipo más importante del mundo, ni siquiera de Inglaterra, distaba de serlo. Pero el equipo de Charlton ya había marcado historia en la década de los 60.

.Palmerias (2002). Tras llegar a la final de la Libertadores, que perdería contra Boca Juniors en 2000, el equipo se haría pedazos hasta descender a la Segunda Divisón Paulista, arrastrado por una crisis ecónomica causada por la bancarrota de la empresa de lácteos italiana, Parmalat.

.Atlético de Madrid (2000). Habían pasado 4 años desde la época dorada de Radomir Antic. Doblete: liga y copa. Pero la pésima administración de Jesús Gil y Gil, enloquecido por el poder y la soberbia, aunado a dos magras temporadas, condenaron al gigante de Manzanares a pasar tres años en la Segunda División Española.

.Juventus (2006). Un escándalo de venta y arreglo de partidos desterró a la Juventus de la élite del fútbol mundial. La causa, jugadores y directivos del equipo habían concertado con casas de apuestas y mafias el arreglo de varios partidos de la liga italiana. La justicia les persiguió y los llevó a los tribunales sin importar las consecuencias. Por un fallo de una corte italiana, a la “Vecchia Signora” le fueron revocados los últimos dos campeonatos que había logrado (2005, 2006), el segundo fue asignado al segundo lugar, el Inter de Milán; además fue descendido a la Serie B y empezaría a disputar la liga con un déficit de 17 puntos. Desde ese entonces, la “Juve” no ha logrado superar el trauma. Perdió protagonismo en la liga, ausente de Europa y privado de estelas.

.Necaxa (2009) “El equipo de los niños”, o “El equipo de la década (90)”. La historia del Necaxa subyace en desapariciones, cambios de nombre, glorias añejas y meradotecnia excesiva. Equipo insigne de la época amateur del fútbol mexicano; el primer “Campeonísimo”: el equipo de los “11 hermanos”, una leyenda incomensurable que logró 4 campeonatos amateurs y fue base para la Selección Mexicana de esas épocas. En el profesionalismo logró 3 ligas, todas en los 90, además de 3 Copas, 2 Campeón de Campeones, 2 Copas de la CONCACAF y un tercer lugar en el Mundial de Clubes de 2000, al vencer al Real Madrid en penales. Entre 2009 y 2010, “Los Rayos” han descendido en dos ocasiones a la Liga de Ascenso.

.Mónaco (2011) Henry y Trezeguet surgieron de las filiales de éste clásico equipo. Wenger comenzó su carrera de entrenador allí. 7 ligas francesas, 5 copas, 4 supercopas, subcampeón de la Recopa (1992) y de la Champions (2004). Petit, Thuram, Klinsmann, Weah, Saviola, Morientes, Giuly y Márquez desfilaron por sus filas; no poca cosa. En la temporada 2010-2011, el equipo monegasgo (diferente de la selección de Mónaco) terminó en 18vo lugar de la liga francesa y descendió a la Ligue 2.

This entry was published on June 29, 2011 at 1:23 am. It’s filed under Crónicas, Crónicas fútbol, Deportes and tagged , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “Funeral monumental. Las ruinas de Núñez

  1. joaquin on said:

    excelente. te felicito

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