El cuaderno del bolsón

Cuando la violencia nos alcance

Una familia caminaba por el Malecón de Veracruz, justo fuera de la Plaza Acuario. Domingo. La tarde veracruzana, la brisa del mar, el olor a café, los globeros en la playa. Mexiquenses; la familia Sánchez Bonilla. Padre, madre, hijo e hija; los niños de 4 y 5 años. Nunca habían visto el mar. Dos automóviles transitaban a toda velocidad sobre el Bulevard Ávila Camacho. Los perseguía un “convoy” de la Secretaría de Marina. Les llevaban la pista desde la carretera que conecta a Veracruz con Boca del Río; no los habían podido alcanzar. Del automóvil que cruzaba endemoniado el puerto voló una granada desde una de sus ventanas, dicen los testigos y los marinos que les perseguían “para distraer la atención y escaparse con mayor facilidad”. La granada cayó en la banqueta. Por la banqueta en que caminaban la familia Sánchez Bonilla. Nombres y apellidos, no una cifra más. El padre (cuyo nombre no aparece en ninguna nota informativa), lanzó su cuerpo sobre la granada, accionada, esperando por estallar. Cubrió a su familia de las esquirlas, las cuales le traspasaron las entrañas y la arrancaron la vida. Y estalló. Cuando Christopher y Jocelyn despertaron, estaban en un cuarto del Hospital General de Alta Especialidad. Sus heridas eran “graves”, pero evolucionaban “favorablemente”. Su madre, Magdalena, había sido dado de alta. Cuando Christopher y Jocelyn abrieron los ojos, su padre ya no estaba. Ya lo habían enterrado.

Una tienda de joyas abre sus puertas en Plaza Las Américas, Morelia. Domingo. El medio día michoacano. El calor atosigante. El temor camuflado como forma de vida. Las sonrisas ocultas. Siete asaltantes caminaban hacia la joyería. Pistola en mano y dos bolsas gigantes. sometieron a los empleados mientras les apuntaban con sus pistolas. Vaciaron los exhibidores y vitrinas. Llenaron las dos bolsas que traían. Los clientes de tiendas adyacentes a la joyería quedaron encerrados por una hora; no debían salir por nada del mundo. A su retirada, los maleantes se toparon con policías. El terror. El horror. Dos policías heridos y un mar de balas en el piso. Pronto, al centro comercial lo rodeaba un confuso coctel de militares, policías federales, y agentes estatales. Limpiaron el piso de los pedacitos de vidrios esparcidos. Abrieron las puertas de los comercios para liberar a los clientes. De los criminales nadie supo. Sólo los estantes rellenos de casquillos.

Un partido de fútbol se juega en Torreón. Sábado. La tarde lagunera. Los cánticos en el desierto. El sol que calcina. La pelota que rueda. Un concierto de pólvora acompañaba el griterio emanado de una situación de gol. “Sonaban como cohetes”. No había mucho que festejar. Minuto 40. Gastelum comanda el ataque para Morelia. Vilar, el portero, ha abandonado su meta, está en el medio campo. “Está loco”, pensaba Tomás Boy. Los “cohetes” replicaban. Balón al área. Márquez cabezea el balón, a Sabah se le queda atrás y lo recoge con la mano. Baloy se tira el piso. El árbitro suena el silbato y señala la salida hacia los vestidores. Retirada. Los jugadores huyeron despavoridos del campo; corrieron lo que no habían corrido durante el partido. La afición reprodujo el manual de sobrevivencia que han tenido que leer como libro de cabecera. Sobre las butacas verdes agitaban sus camisas y mostraban sus torsos desnudos, tatuados con los colores de sus equipos; un minuto después se tiraban al suelo, se escondían tras los asientos, se cubrían la cabeza. Silencio absoluto. Al fondo, la balacera no cedía. El infierno. El terror. Un partido de fútbol convertido en un escenario de guerra. Un estadio como una gigantesca trinchera. Luego, el desconcierto. La vorágine del temor. El triunfo de la paranoia. Mujeres en estado de shock, niños que no entendían lo que pasaba, parejas que se tomaban fotos colgados del travesaño de una portería, fotógrafos tirados en el pasto, policías corriendo por los pasillos. Ni el fútbol nos queda. Ningún lugar es seguro.

Un casino en Monterrey. Jueves. La tarde regiomontana. Dos camionetas se estacionan justo en la entrada del Casino Royale. No hay policías, ni ningún tipo de seguridad. El tráfico continúa igual por la calle paralela. Ocho personas salen de los vehículos y entran al lugar. Segundos. Corren. Entran a sus camionetas y huyen. Una espesa y asesina nube negra surca Monterrey. Emana del casino, calcinado hasta las entrañas. Las puertas están cerradas. El fuego lo destruye todo. Engulle cada centímetro. Incinera vidas inocentes. El país enloquece. Se sumerge en la confusión. En la incredulidad. En el espanto. Granadas, no. Balas, no. Gasolina enardecida, sí. Nunca ninguna cuenta fue tan escalofriante. 1, 2, 3; 40 y 45, y 50, y 52. Y la tormenta de la noche se mezclaba con nuestras lágrimas, con el coraje y la impotencia. Una espesa y asesina nube surca Monterrey, México entero. Nos asfixia en el terror y la congoja. En el tormento y la amargura, ¿qué hemos hecho con nuestro país? ¿qué pasa, por qué?” No hay respuestas. La nube nos calcina los corazones.

Ningún lugar es seguro. Ni los centros comerciales, ni los estadios, ni los casinos, ni la playa. Divertirse es un deporte de alto de riesgo. La vida nunca pareció valer tan poco. En toda guerra siempre existió algún código de honor que excluía a los civiles de participar en ella, y volcaba todo combate hacia los meros representantes de los Estados involucrados, sus Ejércitos y sus gobiernos. La guerra de los montes, la selva, el desierto, ha aterrizado a las ciudades, nuestras casas, a nuestras vidas. Lo que de lejos veíamos, se volvió una escena a la vuelta de la esquina. La sangre nos salpica. El “buenos días” del café por la mañana se tornó una mirada que apunta hacia el piso. La fiesta del viernes en la noche en un convivio bajo un búnker. La cascarita en el parque de la esquina, que ahora está desierto, se volvió una utopía. Nada más triste. Nuestras vidas diarias se han vuelto zona de guerra. ¿Y hasta cuándo?

This entry was published on August 29, 2011 at 12:50 am. It’s filed under Interés General and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: