El cuaderno del bolsón
ELTON JOHN/WATFORD : 1982

Skyline Watford

Separada de Londres por 18 millas, ya en el distrito de Hertfordshire, está la pequeña Watford. Un pueblecillo encantador, como si pintado de café fuera mandato; de árboles en perpetuo otoño, viejos castillos calcinados, gigantes avispas de metal que cuelgan frente a ostentosos centros comerciales y teatros vetustos a medio demoler. Allí, hace 121 años, nació el club de fútbol Watford Rovers.

Añejo, como todos los equipos británicos, disputó su primera F.A. Cup en 1886; luego, deambuló por la campiña inglesa en busca de torneillos en más fango que pasto en los que se jugaban la supremacía del terruño y alrededores. Cambiaron el nombre a West Hertforshire, para identificarse con el distrito al que representaban, ahora que había entrado a la naciente y semi-profesional Southern League en 1896. Dos años después, el equipo absorbió al incipiente Watford St.Mary; de la fusión germinó el Watford Football Club, cuyo nombre y colores quedarían intocables desde ese entonces, y hasta estos tiempos.

En 20 años, “Las Avispas”, como comenzaba a ser llamado el equipo (por el color amarillo de su indumentaria), archivaron varios títulos regionales, entre ellos, erigirse campeón de la Southern League First Division, en la temporada 1914-1915, en plena Gran Guerra. Fue su logro más icónico, hasta ese entonces. La liga se suspendió debido a la guerra; se volvió a disputar para el periodo 1919-1920, temporada en que el Watford quedó en segundo lugar sólo por diferencia de goles. Fueron uno de los equipos fundadores de la Third Division South, en la cual empezó a rodar el balón en 1921. Un año más tarde, el Watford concluyó su deambular por pabellones de arquitectura victoriana con inmensos jardines enlodados y porterías de redes deshilachadas y tribunas de tablones de madera carcomida; habían encontrado avispero: Vicarage Road, en pleno centro de Watford; casa, al fin. Jamás se mudarían de nuevo.

El pequeño Reginald Kenneth Wright solía acompañar a su padre a ver jugar al Watford. Criado en Pinner, un apacible y esplendoroso suburbio al norte de Londres, a tan sólo 10 millas de Watford, Reginald tocaba el piano desde los tres años e interpretaba a Artwell desde los cuatro. A los once ya dominaba al Chopin medio y al Bach primario, producto de su paso por la Royal Academy of Music. Sus manos se deslizaban sobre el marfil con finura. Cantaba, también. Cada 15 días preparaba el viaje a Vicarage Road para hinchar por el Watford, aunque los tiempos no eran los mejores. El equipo, sumido en el fondo de la Fourth Division (4ta división), corría riesgo de desaparecer. Para el joven Reginald pronto llegaron tiempos turbulentos. Sus padres se divorciaron; y para ganarse la vida aceptó tocar el piano en un pub cercano a su nuevo hogar cada jueves, viernes y sábado por las noches, a cambio de 35 libras.

Corría el verano de 1969. Las canciones de un tal Elton John sonaban por toda Inglaterra. Reginald no sólo había crecido; desobedeció a su padre, ex militar, quien veía en su hijo a un banquero y no al cantautor más conocido de Inglaterra; tal vez del mundo, una futura leyenda. No obstante, siempre le fomentó el amor a la música (él había tocado la trompeta mientras en la milicia), y por el fútbol, y por “su” Watford. “It´s a little bit funny this feeling inside…”, las rimas de Taupin y la tersa voz de John enamoraban al mundo. Nunca se supo si se la cantó a algún amorío imberbe o al equipo de su infancia que se paseaba campante por las penurias; era de valientes hinchar por Las Avispas.

“Someone saved my life tonight…”

“I don´t have much money/ but boy if I did /I’d buy a big house where we both could live…”. cantaba Elton John a finales de los 60. Ya es 1977; el dinero le alcanza no sólo para comprarse una casa, sino muchas, y un equipo de fútbol, además. Es una de las más grandes estrellas del mundo. Giraba por el mundo con sus plataformas embarradas de brillantina, sus mascadas de piel de leopardo, sus blusas de plata resplandeciente, de tirantes delgados y escote pronunciado, su alopecia galopante y sus anteojos de armazón rosa. Apenas tomó posesión ya había prometido una utopía: no descansar hasta no ver al Watford en la First Division (entonces, máxima instancia del fútbol inglés, previa a la English Premier League actual). Su primera acción fue despedir al director técnico Mike Keen, apenas concluida la temporada. Durante dos meses se sentó con la mesa directiva para pensar en cómo resucitar al moribundo que llevaba casi 50 años en agonía. La directiva se decantó por Graham Taylor, furibundo central de dilatada carrera, y no por ello exitosa, para dirigir al equipo.

Sentado en las oficinas de Vicarage Road, Elton John vacío sus cuentas para salvar al equipo de su infancia, y sus amores. Su plan no sólo consistía en engrosar las arcas de la institución y alejarla de la quiebra, sino también vislumbraba un proyecto deportivo íntegro. La formación de futbolistas “made in home”, con el sello Watford impreso en su carta de presentación; incentivarlos con salarios más altos y bonos extra por “buenas actuaciones”, y mostrar la chequera para comprarse a la crema y nata de la Segunda, Tercera y Cuarta División. Una oferta que nadie podía rechazar. Además, la inversión también suponía atraer patrocinadores robustos; en 1982, John logró firmar un acuerdo por 400,000 libras con el gigante italiano de la manufacutración de automotores, Iveco.

Muy pronto, quizá más de lo planeado, el modelo Elton John rindió frutos. En la temporada 1977-1978, la primera de John como “chairman”, el Watford se consagró campeón de la Fourth Division; laurel que le sirvió para que el equipo ascendiera a la Third Division, de la cual quedaron subcampeones, detrás de Shremsburg Town, al siguiente curso. Con ello, el equipo consumó su primer ascenso a Second Division en toda su historia. Además, Elton John se involucró totalmente con el equipo. Asistía a cuanto partido podía. Los medios lo buscaban para entrevistarlo, no sobre su nuevo disco, su próxima gira, o quién le diseñó su más reciente atuendo de lentejuelas magentas y holanes amarilos; sino sobre fútbol, y qué le había parecido el desempeño de su equipo. Su retórica futbolera era tan convicente como sus escalas imposibles sobre el marfil. Las dudas quedaron disipadas, Elton John era hombre de fútbol. Cambió los camerinos por los vestidores; solía charlar con los jugadores, incluso se vestía como ellos, se amarraba las espinilleras, y saltaba a la cancha dando brinquitos con el balón bajo el brazo para pelotear un rato con el once titular. Cuentan las crónicas que no era tan torpe. Que tenía el fuelle de un lateral, (el cual le duraba 5 minutos), el temple de Beckenbauer, el toque fino de Barnes y la colocación de Baresi… ebrio. Una muralla, que se caía a pedazos, pero muralla al fin. El presidente, el dueño, el cantautor más famoso del planeta, era un hincha más.

Ya en la antesala de la élite, la estancia del Watford en “las alturas” pareció darle vértigo. Tanto que casi caen de regreso. Eludieron el descenso de milagro, por tan sólo un par de puntos, en la temporada 1979-1980. Segunda oportunidad; noveno lugar en 1980-1981. La tercera es la vencida. Tras una temporada casi impecable, el Watford se quedó con el subcampeonato; requisito suficiente para alcanzar la First Division. La utopía se convertía en realidad. Es correcto, “This train don’t stop there, anymore…”; el Watford se había subido al tren de la historia con destino a Old Trafford, Stanford Bridge, Highbury y Anfield Road.

“For just a Skyline Pigeon, dreaming of the open, waiting for the day…”

El meteórico ascenso del Watford fue objeto de elogio en toda Inglaterra. Historia de cenicienta, auténtica. Observó el abismo de cerca, estuvo al borde de la muerte, y desde los rincones más oscuros de la Fourth Division, el Watford fraguó un camino electrizante y épico hasta la élite. Escaló desde la Cuarta División hasta la Primera en seis años. Una avispa en tierra de gigantes.

El Watford cuajó una temporada de pompa y platillos. Fue la segunda ofensiva más productiva del campeonato (su promedio de goles fue de 3.12); el tercer mejor local de la liga (perdió tan sólo tres partidos, todos contra equipos que le compitieron el puesto hasta el último suspiro: Manchester United, el flamante bicampeón europeo: Nottingham Forest, y el Tottenham), aspecto que arroja un temible 76% de victorias en propio campo, y logró una racha de cuatro victorias consecutivas, la segunda más larga del torneo. No obstante, su defensiva flaqueó. Fue la onceava menos goleada; recibió un promedio de 1.36 goles por partido. Su porcentaje de imbatibilidad fue de 21%, el cuarto más alto de la liga. Fue el sexto mejor visitante; venció en el 29% de sus encuentros a domicilio; uno de ellos contra el todopoderoso Tottenham, vigente campeón de la Copa de la UEFA, cuyo guardameta era el ex Watford, el legendario Pat Jennings. Todos los números dieron forma a una temporada fastuosa del Watford, su primera de porvida en la máxima categoría. ¿Quién dice miedo escénico? El Watford era raro, y maravilloso, un performer excéntrico y encantador de botas eléctricas, trajes de mohair, y pantaloncillos de rojo incandecente. Una máquina de fútbol. Épico. Subcampeón. 8 puntos debajo del mítico Liverpool de Bob Paisley, multi-campeón europeo, al cual vencieron en Vicarage Road en la última jornada del campeonato (2-1), cuando todo estaba definido. El Watford era de verdad. Rocket Man y Rocket Team apuntaban al cielo, y más allá.

La temporada de ensueño no le alcanzó al Watford para clasificarse a la Copa de Europa, a la cual sólo llegaba el campeón de liga; pero sí a la Copa de la UEFA. El curso no fue menos satisfactorio. Hace 6 años, el Watford rumiaba su miseria en lo más profundo de la Cuarta División Inglesa; ahora afrontaba su debut europeo contra el gigante alemán FC Kaiserslautern, a quien despachó en un inolvidable partido de vuelta en Vicarage Road a favor de “Las Avispas” (3-0), tras haber perdido en su visita al Fritz Walter (3-1). El partido más grande de su historia. Su joya de la corona, sin haber ganado alguna. La segunda ronda lo emparejó con el Levski Sofía. Después de empatar en Inglaterra (1-1), el Watford se metió a la helada capital búlgara, y tras un dramático suplementario, liquidó al dueño de casa. 1-3 fue el marcador final; 2-4 el global. El sueño europeo lo derrumbó el campeón checoslovaco, el Sparta Praga, quien venció en Watford (2-3) y goleo en la revancha en Praga (4-0). Para algunos aficionados no importó la eliminación. Jugar la UEFA era tocar el cielo con las manos. El Watford en Europa, como una vela en el viento.

El éxito de la temporada anterior le confirió al Watford asumir responsabilidades de “equipo grande”: lidiar con tres competiciones al mismo tiempo: UEFA, F.A Cup y liga. El ajetreo mermó su rendimiento. “La Armada Amarilla” concluyó la liga en onceavo lugar, separado por siete puntos del descenso; perdió el 40% de sus cotejos y su defensa fue la antepenúltima del campeonato: 1.83 goles por partido recibió en el curso. Para diciembre, sólo había sumado dos victorias en todo el torneo. Sólo una espectacular remontada de enero a marzo, en donde consiguió siete victorias en diez partidos, salvó a la avispa del ahogo. Fue en la F.A Cup donde el Watford se citó con la historia.

19 de mayo de 1984. Wembley. 100,000 personas. Watford-Everton. Blues y avispas. Una esplendorosa tarde londinense. El sol a plomo. Elton John se paseaba por el pasto sagrado con su sombrero de copa y su impoluto traje gris a rayas negras; una rosa en la solapa del saco. Saludaba, reía, sonrisita nerviosa. Volvía a saludar. Levantaba las palmas y las mostraba al público, como si estuviera en un concierto, antes de entonar su última canción. Saludo. Le ovacionaban. Volvía a saludar. La reina Isabel, de vestido crema, que observaba a su guardia montar un espectáculo ludo-militar en el preámbulo. Bajo el hirviente sol de una de aquellas tarde imborrables en Wembley, el Blue finiquitó el partido sin más complicaciones (2-0) con goles de Sharp y Andy Gray, mientras los gritos de su hinchada, eufórica, surcaban “campos verdes, árboles y montañas/flores y fuentes boscosas” y llegaban hasta Liverpool. A los jugadores del Watford no les quedó consuelo que subir los 95 escalones que separan el palco real de la cancha. Aplaudidos hasta las manos enrojecidas. Una medalla de consolación. El Watford como una paloma que despliega sus alas y vuela lejos, hacia los sueños que había dejado tan lejos atrás. Y dos goles que le habían cortado las alas. Demasiado tarde; “The Toffees” ya habían emprendido el vuelo.

“Don´t go breaking my heart”…

Las alas se le empezaron a quebrar a la avispa. El perfomance errático del equipo en la temporada 1984-1984 le significó volver a ocupar el sitio 11 de la tabla general, ya sin copa europea que disputar. De poco le sirvieron las victorias estruendosas contra el Manchester, el Tottenham y el Nottingham Forest, además de arrancar un empate al poderoso Liverpool de Paisley en Anfield Road. La temporada 1986-1987 fue la última con Graham Taylor como entrenador, quien al final de la misma, firmó contrato con el Aston Villa. Lograron alejarse de la relegación al quedar en el noveno lugar; empero, arribaron a las semifinales de la F.A. Cup, instancia en la cual claudicaron ante el Tottenham.

El final llegó. Tras la huida de Taylor, Elton John eligió a Dave Bassett como director técnico. Su gestión fue terrible. Sólo ganó dos de los primeros 13 partidos que disputó, y pronto tuvo que hacer maletas tras sólo ocho meses en el cargo. Sentencia condenatoria. El Watford no pudo emendar el camino. Sólo ganó tres partidos durante el resto del torneo. Con un déficit de 23 goles y habiendo quedado en el lugar 20 de la clasificación general, el Watford perdió la categoría. Un funeral para un amigo; entra la música, el piano triste, el guitarreo atronador, y las campanas replicantes. Descanse en paz; vuelva cuando pueda. La plegaria no bastó. El sol había desaparecido en el horizonte. Es el ciclo de la vida. La debacle coincidió con la salida de Elton John de la dirección general del equipo; ya que había decidido vender su parte ante la necesidad de un “chairman” de tiempo completo, ya que su carrera musical se había reactivado. No obstante, permanecería como “Presidente Vitalicio del Club”; más ornamental que funcional. Cada cuanto se citaba con Pelé para admirar la F.A. Cup y platicar de fútbol. Casual.

En 1997, John re-compró al club. Volvió a inyectar miles y miles de libras para reestructurarlo y sacarlo del abismo. En 1998, el Watford venció en una promoción al Bolton Wanderers, a doble partido de playoff, y con ello certificó su vuelta a la Primera División. Graham Taylor había vuelto al club un año antes. El binomio John-Taylor, otra vez. Como en los viejos tiempos. Sin embargo, los compromisos musicales volvieron a alejar a Elton John del equipo, del cual se retiró finalmente en 2002.

El Watford regresó a la EPL (English Premier League) en 2006, ya sin la dirección de John y el genio táctico de Taylor. Sólo duraron un año en ella. Las avispas concluyeron el año en último lugar de la tabla; apenas ganaron cinco partidos, y se erigieron como la peor defensiva del orbe.

Ante la amenaza de una nueva bancarrota, Elton John organizó un concierto a beneficio en 2007, en Vicalage Road, con el escenario montado sobre el campo, de espalda a la portería sur. Los ingresos del recital estarían destinados a las cuentas del equipo. En mayo de 2010, volvió a presentar su inmenso repertorio con las mismas intenciones.

“And I think it´s gonna be a long, long time”…

El “Rocket Man” nunca dejó de hinchar por Las Avispas; pero éstas ya no están atadas a él, navegando por la estratósfera, sin miedo a regresar a la Tierra. Había que buscarse la salvación solos. Tarde que temprano la aventura deambulando por el espacio interestelar terminaría. Soterrados en la Championship, más terrenales que nunca, el Watford se quedó a una súplica del playoff que concede el derecho de disputar la Premier League inglesa. Cuarto lugar en el curso 2010-2011, decimoséptimo en el actual, ya sin la injerencia directa de Elton John, quien se sigue paseando por el estadio cada que la agenda lo permite, sigue vistiando a la directiva, con quienes se toma fotos sonriente como si su equipo fuese campeón de Europa; sigue poniendo su playera roji-amarilla sobre su piano, y la ondea victorioso cuando ha terminado el recital; y sigue gritando sus goles, llorando sus derrotas, y sonriendo a la tribuna que le vitorea nostálgica y revira los tiempos que fueron mejores. En Watford han sentencido: “esta siempre será tú casa, Elton”.

Sí, parece que será mucho, mucho tiempo, para volver a ver al Watford que conmovió al mundo del fútbol durante la primera mitad de los años 80. La historia no se borra. “But I’m still standing, after all this time…” entonaban sus aficionados cuando Elton John regresó a Vicarage Road en 2010; su grito de guerra, su más recalcitrante esperanza. Y el Watford, como la paloma a la que cantaba Elton John, que extiende sus alas, esperando por el día para regresar, y volar hacia los sueños que ha dejado lejos muy atrás. Mientras, a cada gol, cada partido ganado, cada punto conquistado en la agonía: “They are still standing…”.

This entry was published on March 5, 2012 at 4:39 am. It’s filed under Deportes, Reportajes and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: