El cuaderno del bolsón
united

Poesía vasca en el Teatro

De Teatro devino en Catedral. Ocurrió que Old Trafford fue San Mamés; o al menos, se le pareció en demasía. Invasión vizcaína a Manchester, tal cual lo habían prometido. Los retoños de San Mamés colmaron el Teatro de sus sueños, con sus boinas, sus bigotes larguiruchos, su coro retumbante y mil banderas que giraban al unísono cuando el Athletic se empalagaba de pelota. Y es que los Leones fueron once fieras sin empacho, y 8,000 rugidos más que descendían desde el gallinero del Teatro. Y el Athletic un poeta, de prosa enternecedora y retórica caprichosa. Su toque como una rima deliciosa, y la estocada de la estrofa carecía de pegada sentimental. También le faltó timbre y profundidad a su voz; como un tenor sin do de pecho. Cuando resarció el discurso, su canto imperial fue tan inmenso como para acallar los murmullos de un Teatro con un nudo atorado en el cogote; boquiabierto, aún. Al Atleti le bastó con su recital, su dicción profusa, su corazón envalentonado, y su declamación, casi impecable, para salir abatido por una avalancha de aplausos; propios y extraños.

El nombre del poema recitado: “Manchester conquistada”. El mismo autor del texto dirigía las gesticulaciones del declamante desde una caseta oculta; Marcelo Bielsa, rosarino; de ideas revoloteadas y pluma picante. Genio y figura. Neurótico hasta la médula. Tan dado a teorizar, incluso, los pasos que tarda en recorrer de polo a polo su terruño asignado para coreografiar la declamación; encontrarle alguna explicación psicoanalítica a sus poses en cuclillas, o espetar que repulsa el fútbol dramático, cuando es él su más fidedigno representante. La reconversión de la prosa vizcaína ha tenido en Bielsa a su baluarte. Trastocó los cimientos de su lenguaje, prosaico y gallardo, y añadió la estética del monólogo perenne, rutilante. La bacanal bilbaína ha traspasado tiempos arcaicos en los que se valía de la enjundia y la pierna vigorosa. Radica en el 58 el único antecedente entre diablos y leones; la Copa de Europa como marco; y un campo blanquísimo, una tundra siberiana convertida en campo de juego; y el frío polar que golpeaba aquella tarde de enero San Mamés (5-3, en favor del Athletic). La vuelta es un cúmulo de mitos borrosos y crónicas perdidas. Sólo se sabe que el United venció por 3-0 en Maine Road, terruño forastero; y que, un año más tarde, seis jugadores que habían fraguado aquella victoria morirían en el desastre aéreo de Múnich. Ha nevado demasiado.

Aquellos aromas vizcaínos

Achuchó el Athletic desde el comienzo. En un teatro tapizado de verde, blanco y rojo, perfumado de bacalao y sagardoa. Y banderas de Euskal Herria, y miles de bufandas agitadas circularmente. “¡Athletic, Athletic”. Atronador. Todo era vasco; empero, el teatro era ajeno, improfanable. El United carecía de contención y recuperación; se acurrucaba contra su arco arrullado por el toqueteo barcelonezco del Atleti. Flashback: Londres y Roma, Wembley y el Olímpico. Excesivamente frágil en el pivote, el United no tuvo reparo en obsequiar el balón a los Leones. No daba pie. Optó por la contra, y la fe en el radar de Rooney y sus asistencias teledirigidas a quien fuere. En resumen, el United se aferró a la improvisación. En la discusión del cuero jamás entro el United, sofocado por el recital vasco; activado desde el primer minuto: invadieron seis leones el área de De Gea para esperar un centro funesto de Herrera, despejado por Ferdinand sin problema alguno. Aviso. Supeditado a la inspiración del eterno Giggs, al United no le quedó remedio que soportar el asedio vasco. Sus tribunas habían fenecido; sólo quedaba el campo propio por defender. Encaminados a surcar las parcelas de este a oeste quedaron Young y Evans, aunque asfixiados por Aurtenexte e Iturraspe, que iban y venían sin parar. Gobernadores del cuero, el Atleti toqueteaba con absoluto desparpajo. Tic, tic, tic. Como reloj. Monólogo en el Teatro, acentuado con el bombazo de Llorente que raspó la pintura del poste izquierdo de De Gea. Fue parvo el United, incluso para cuestiones no menos importantes que la invasión a su fortín. El pivote enclenque se rompía cada de De Marcos y Susaeta dominaban el balón. No obstante la invasión vasca en las gradas se reprodujo en el campo; seis o siete asediaban a De Gea, exigido como nunca durante el curso. Descolgó balones inalcanzables, anticipó un testarazo del formidable Llorente, que se trajo de camisa a Smalling todo el rato, y su mano beata desenterró del palo izquierdo una arremetida ciclópea firmada por Susaeta: subida, recorte e impacto; De Gea apenas reaccionó. Pasaba penurias el United. Parecía gozarlas más que afligirse. As bajo la manga. La pegada le había bastado al United de los últimos tiempos, incluso para ganar una liga. Finge demencia y atiza al descuido. Iluminado Giggs, condujo hasta que topó con pared; San José e Iraola le caían para bloquear su intento. Cedió para Hernández, quien maniobró lo suficiente para sacudirse de encima la marca e impactó a Iraizoz, cuya atajada colosal sirvió de banquete al siempre astuto Rooney. Empuja y dentro. El United se sacudía el sudor de la frente. Había sacado demasiado barata la renta. Pero no importó demasiado. El Teatro aún apestaba a bacalao y sidra.

El monólogo y la retórica patética. Estrofas perfectas

Apenas trastabilló el Atleti. Guardó silencio a mitad del discurso. El golpecillo en el pecho le hizo tomar aire. Y dio rienda suelta a la lengua. Incluso su dicción mejoró; la entonación fluctuó. Fue una sola voz, majestuosa, angelical. Su métrica exquisita emulaba los mejores versos de Arnaud Oihenart, cuyo fantasma deambulaba por los pasillos del Teatro. Desde la conexión inmediata de Iraizoz con su última línea de combate, hasta la transición al medio campo y la profunidad a la avant-garde. Cada palabra del poema correspondía al significado de la anterior. Lo cierto es que el Athletic de Bielsa es otro; juega al fútbol. Ya no es el embajador español del fútbol inglés; sino el espejo del juego de su país, defensor de los preceptos: presión, posesión y precisión que han defendido por lo alto la Selección Española y el Barcelona. Susaeta se topó con una vaselina entrelíneas de De Marcos. Encaró a De Gea. Mano a mano. Le mostró el botín y le elevó el balón para que cayera por detrás suyo y curvara hacia el arco. Pero el impacto salió torcido; el tobillo no suele ser la mejor arma.

Siguió el Athletic con el monólogo y el United ruborizado, persiguiendo el polvo que dejaban los vascos después del sprint. No hasta que una sinfonía de amagos y engaños situó a De Marcos con todo para golpear al marco; fintó, vio a Susaeta en su enésima incursión, y el centro encontró la cabeza de Llorente, como asomado al gol. Como abriendo una ventana y encaramándose ante ella para ver de cerca qué hay fuera. Bielsa, como el doceavo león, enjaulado, incontenible. Trece pasos. Media vuelta, regreso. Grita “no la pierdan”. Berrinche. De Marcos despeña una larguísima posesión de un par de minutos sin réplica. La retaguardia del United era un castillo de naipes, que venía abajo con un soplido; el Atleti tenía pulmones para volar en pedazos el Teatro. Y aunque en el complemento el United siguió sacando excesivo premio a su pobre desempeño, fueron los Leones quienes encontraron justa condecoración a su entrañable poema. Empaló Herrera el cuero, que se elevó manso y pizpireto, amenazante; la sortija la remató De Marcos apenas iba a tocar el piso, un paso de hormiga delante de lo debido. Qué más da. Fútbol de potrero. Fue el verso más bello de todos. Poco antes, De Gea se había prodigado hasta desbaratarse en clamores y súplicas: “defiendan”, le gritaba a sus centrales, incapaces de detener la maquinaria vasca. A mano cambiada desterró del recuerdo un disparo poderoso de Llorente que pretendía con reventar el ángulo.

Sinalefas, hiatos. Todo el repertorio se sacó el vasco, que se echó a la bolsa al Teatro, e hizo suyos los Sueños. Una pesadilla, autoinfligida, fue la del United, que apenas recobró sus esencias cuando hipotecó su futuro. Young y Evans se desabrocharon el corsé que les estrujaba las piernas. Rooney se zafó de San José, y flotó entre el ingresado Anderson y el desamparado Hernández. Tiró de orgullo, y de poco más. Sólo así el United logró meter algo de miedo. Pero no al canijo Muniaín, quien había espetado que el Teatro de los Sueños no le conmovía en lo absoluto. “No le tengo miedo”. Cuando la vigésimo octava atajada de De Gea llegó a sus pies, el Teatro ya no sólo le era indiferente, sino suyo. Antes, se había engullido entero a Rafael, adormilado como en toda la velada. El tiempo expiraba cuando De Marcos se topó con un bombazo de Hernández, y le metió la mano. Rooney facturó la ofrenda. Tal vez, una dádiva de respeto del forastero. “Vine a tu casa, la hice mía, y a cambio te doy un regalo; de cortesía”. Tanto vasco para un diablo de humo.

Las luces se han apagado en el teatro. El fútbol aristócrata lo representa el United, nunca más infame que la noche del jueves; tan alejada de aquellas tertulias de gloria europea. El abolengo y la gallardía lo encarna el Athletic, tan corajudo e intrépido como antaño; con las agallas de todo Bilbao y medio País Vasco. Seguro habrán emprendido un saturnal del que se contarán historias hasta que en 50 años vuelva a salir cargado en hombros del Teatro que hizo suyo con su poesía. Tal vez menos. No cualquiera logra dispararle 22 veces al arco ni robarle la redonda 55% del tiempo al Diablo Rojo; incluso le soportó la embestida final con sólo dos sustituciones, y un promedio de 12 pases por posesión. Porque el Athletic fue un poeta crecido cuando el teatro le ha aplaudido hasta la hinchazón. Porque su poesía no debe quedar olvidada. De eso se construyen los mitos, de palabras. Y porque falta la vuelta en La Catedral, un mellizo del Teatro, donde los Leones serán mayoría y el United tendrá que demostrar la prosapia que forjó su linaje. Tal vez, para ese entonces, las palabras y la poesía ya no sean suficientes.

This entry was published on March 9, 2012 at 9:18 pm. It’s filed under Deportes and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “Poesía vasca en el Teatro

  1. markdbiram2011 on said:

    todas las felicitaciones del mundo a un gran equipo, con grandes hinchas y un maestro de tecnico, no solo por la ida tremenda que jugaron en old trafford (que evocas muy bien en el articulo), sino por el partido de hoy tambien. me parece de muy buen gusto que los hinchas de athletic aplaudieron hoy el gol de rooney y la salida de giggs, un toque de clase. ojala ganen la liga europea este año. no soy de united, pero vivo en manchester, fue una verdadera fiesta el dia que vinieron!! vamos leones!!

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