El cuaderno del bolsón
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El pueblo que nació para ser ruina (parte 2)

La historia que corre por las calles

Mario Navarrete Hernández observa la selva. Tiene 65 años, una maraña de cabellos negros sobre sus parietales que dan paso una prominente calva, los ojos alegres y una sonrisa como de niño. La Antigua es su refugio. No sólo su objeto de estudio por décadas, no sólo la génesis del mestizaje y de la historia de la Conquista; sino, también, es el origen de su familia. Lleva una mochila roja, gruesa, pesada, y nutrida en hojas, libros, libretas y folletos; pareciera que el peso le venciera la espalda en cualquier momento.

Detrás de un frondoso conjunto de impenetrables arbustos silvestres estaba la zona arquitectónica de La Antigua que él descubrió a finales de la década de los 70, y de la cual no se ha vuelto a escribir nada, más allá de su tesis de Maestría presentada en 1983 en la Facultad de Arqueología de la Universidad Veracruzana. Mario Navarrete actualmente dirige el Instituto de Arqueología de la misma Universidad, de la cual ejerce como académico-investigador desde hace 40 años.

Pareciera todo que aquello que proviniera de La Antigua ha sido condenada a permanecer en el olvido. Mario Navarrete recuerda los restos arqueológicos que encontró:

“Eran tres edificios en muy mal estado de conservación. Uno relleno de tierra arenosa recubierta con una capa muy gruesa de estuco (cal y arena). No tenían formas piramidales, sino tronco-piramidales. Nunca encontré las escalinatas, solamente restos muy indiferenciados de los edificios que eran de un sólo piso. No encontré enterramientos humanos, pero sí mucha cerámica y alfarería desde el siglo VI hasta el XVI. Eran templos. La gente vivía hacia donde está ahora el pueblo, y más bien hacia el norte. Era un lugar poco poblado. Era una especie de comunidad religiosa. De esa zona, los españoles recogieron dos códices. Los estaban dibujando (los indígenas) aquí en La Antigua. Esos dos códices están en Europa, uno está en Dresden, Alemania, y del otro desconozco su ubicación”.

Las edificaciones que Mario encontró datan del año 3,000 A.C., y hasta del siglo XVI, muy cercanas a la época colonial. No se ve absolutamente nada. Aún si comenzáramos a caminar entre los arbustos y las palmeras derrumbadas, no encontraríamos nada. Hace algunos años, una instalación de oleoductos de Pemex destruyó la zona arqueológica; después se vendieron los terrenos para construir un sector habitacional. “Cuando la gente excava para hacer los cimientos de sus casas, seguramente encuentra restos arqueológicos”, sentencia Mario Navarrete.

El caótico camino sin pavimentar que conecta la carretera con el centro de La Antigua era, en los tiempos de los que estaba asentada Huitzilapan (nombre prehispánico del lugar antes de la llegada de los españoles), el cause original del Río Antigua. “El río se ha ido desplazando hacia el sur. Ha ido comiendo terreno. Algún día se va a llevar la villa, las casas, y seguirá para abajo”, puntúa el académico.

La historia de La Antigua se cuenta desde los albores de la conquista española al continente americano, el llamado “nuevo mundo”. Los viajes emprendidos por Cristóbal Colón desde 1492 inauguraron una serie de visitas que habrían de tener al hoy territorio mexicano como uno de sus últimos destinos. Esto ya que, según Mario, en ese entonces no existía la tecnología suficiente como para navegar en sentido contrario del viento. Algunos salían de Cuba y navegaban por todo el litoral norteamericano, y descubrieron el Río Misisipi y la península de la Florida, antes que Veracruz. Esta falta de tecnología les había impedido bordear el Golfo de México.

La corona española conquistó Cuba en 1514. De ahí partió, en 1517, Francisco Hernández de Córdoba, quien comandó la primera incursión española en suelo “mexicano”. Le prosiguió una misión dirigida por Juan de Grijalva en 1518. El tercero en viajar fue el capitán de una armada al servicio del gobernador de Cuba, Diego Velázquez: el capitán Hernán Cortés y Altamira. Atraído por los avances tecnológicos de la época y por el ansia de descubrir y explorar territorios nuevos, Cortés tomó la armada que Diego Velázquez había organizado, sin consentimiento de éste último, y se embarcó a explorar las tierras que años antes ya habían explorado Juan de Grijalva y Francisco Hernández de Córdoba. Llegó primero a Cozumel y a Isla Mujeres. Tras costear todo el Golfo de México, batallar en lo que hoy es Tabasco, conocer a Jerónimo de Aguilar, náufrago español posteriormente aceptado en un pueblo maya quien se convertiría en su mayor instrumento de comunicación con los pueblos de la región, y de otras tantas peripecias, Cortés finalmente funda la Villa Rica de la Veracruz en 1519. Contrario a la historia oficial, menciona Mario, la Villa Rica de la Veracruz no fue fundada ni en lo que es la actual ciudad de Veracruz ni en La Antigua, sino unos 30 kilómetros hacia el norte. El nombre oficial era “La Villa Rica de la Veracruz del Puerto de Archidona”. Fue el primer establecimiento español en México. “Ahí construyen la fortaleza de Villa Rica. En esta bahía es donde Cortés barrenar y destruir los barcos, porque utilizaron la madera de los barcos para hacer la fortaleza. Esta es la ‘capital española’ de ese entonces en México”, puntualiza Mario mientras hace garabatos en una ficha de trabajo.

En 1521 empieza el periodo colonial en México. Tras consumarse La Conquista de Tenochtitlán (Ciudad de México), “Cortés es justicia mayor. Todo mundo lo obedece a él para todo”, enfatiza Mario. Cortés se va a Honduras y al norte de México, y los oficiales reales deciden cambiar la Villa Rica de la Veracruz a un lugar más cercano a San Juan de Ulúa (actual Veracruz); por ahí es donde llegaban todos los barcos y lo empezaron a usar de puerto. En 1526 se cambia la Villa Rica a Huitzilapan y se llama “La Vera Cruz”, y permanece todo el Siglo XVI. El nombre de La Antigua se le da cuando el ayuntamiento de la Vera Cruz se muda al actual puerto de Veracruz, en 1600; como método de distinción entre una ciudad y otra.

La historia de La Antigua corre paralela a la historia de México como país; el inicio de una y de otra es el mismo. Se remite a los primeros contactos entre españoles y las culturas prehispánicas, acercamientos que son los antecedentes mismos de la Conquista de México, mucho antes de que la corona española tuviera siquiera en planes incursionar en el territorio “indio” para dominarlo. Esto dio un vuelco cuando según la narración de Bernal Díaz del Castillo en La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, Hernán Cortés recibió un consejo de Alfonso Hernández, inspirado en un verso del Cantar de Roldán: “Cata Francia, Montesinos/ Cata Paris la ciudad, Cata las aguas del Duero/Do van a dar a la mar” […] “Miréis las tierras ricas y sabéos bien gobernar”. En palabras de Mario Navarrete el significado de este verso es: “Fíjate en la riqueza de los pueblos. No te conformes con venir a rescatar joyitas y eso. Vamos a venir a poblar y a conquistar”. Luego explica, “ahí es donde se define la suerte de México, porque Cortés venía a traficar y a regresar a su tierra donde estaba su señora, y con sus esclavos y sus indios y la vida que siga, que yo soy rico. Ahí se da cuenta de la verdadera riqueza de todo esto y en donde decide que debe conquistar todo el territorio.” Este pasaje del relato de Bernal Díaz del Castillo ocurre mientras las tropas de Cortés están en Cempoala; ciudad prehispánica ubicada a aproximadamente 50 kilómetros al norte de La Antigua, poblada por la civilización totonaca. El encuentro entre ambas culturas devino en una alianza entre ellas que terminó por ser trascendental para la Conquista final de la Gran Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca.

Según Mario Navarrete, Cortés sólo estuvo dos veces en La Antigua. La primera, en mayo de 1519, cuando se llevaron los códices, y la segunda entre 1524 y 1525 cuando regresó de una expedición a Honduras y Cuba. La primera vez fue mucho antes de la fundación de “La Antigua” como ayuntamiento español, cuando aún era un asentamiento prehispánico. Cuando Cortés estuvo por segunda vez en La Antigua, la aldea ya era el puerto de enlace de los españoles con Cuba y España. Sólo estuvo unas horas desde que atravesó el río, exploró el pueblo, descansó, y partió a la mañana siguiente, a Cempoala. Su segunda estancia fue más duradera. “Estuvo ocho días, descansando”. Jamás volvió a pisar La Antigua…

This entry was published on July 24, 2012 at 9:00 pm. It’s filed under Reportajes and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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