El cuaderno del bolsón
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Salve, rey Andy

“Lo importante no es llegar, sino ir”.

Robert Louis Stevenson

Y Murray fue. Y llegó. Escaló la serranía del Ben Nevis. Deambuló por las coníferas del Green Glen, entre tormentas desaforadas y gaitas desentonadas. Surcó el Lago Ness, nunca más refulgente y cristalino que aquella mañana, esquivando monstruos en blanco y negro que existen en relatos, desde los 30, pero de cuando en cuando se avistan tan patéticamente reales. Monstruos como sombras que atarantan. Monstruos entre la bruma. Monstruos como mitos. El camino desde Dunblane hasta Londres ya estaba trazado. No había vuelta atrás. Que pasado el Lago, los monstruos vetustos quedan sepultados por la bruma. Andy Murray ya había ido.

Escocés si pierde; británico si gana. Cuando el revés de Murray rasguña cal y desaparece entre el barro y el césped, las paredes del Castillo de Edimburgo retumban como si golpeado por la espada de William Wallace. Murray es política. La inseguridad, y su sangre tan helada como el Lago Ness, le habían carcomido las entrañas hacía no tanto. Lendl le ha enderezado y ha aprendido a paliar su interminable pulsión autodestructiva, la cual ha transferido, quizá mediante extenuantes ejercicios freudianos, a su encapotada y lacrimógena (e insoportablemente celestial)  pareja. Cameron, los tories, y media Cámara de los Comunes, también sudan lo que no llueve. Porque el revés de Murray es a la historia, no solo a la pelota. No llueve más en Wimbledon.

Una pelota. El césped. El barullo. El rocío de la tarde. Las frutillas con crema. Las ‘uniones’ apellidadas Jack que tapizan el cielo. Murray se ciñe la Corona de San Eduardo, (Wimbledon siempre ha sido la sede alterna de la Abadía de Westminster, sépanlo), para dejar de ser escocés en cambio de británico, sin paradoja de por medio. La raqueta de Murray y el Sadoc de Heandel exorcizaron al All England Tennis Club del fantasma errante de Fred Perry. Todos pueden descansar en paz. Brindis con whisky en Downing Street. En Glasgow, Alex Salmond rumia su desasosiego con cascadas espumosas de London Porter: el rey es escocés. (No ayuda a los planes del 2014, dicen que piensa)

Y escribió Stevenson, escocés que valía ir antes que llegar. El caballero Murray ha conquistado la Bretaña desde que salió andando de la llanura del norte. Él es quien menos partido saca a sus raíces. Solo engarrota la muñeca y su raqueta, que son una cosa misma. Solo juega. Y gobierna. Lo demás ‘its shite‘, gritaría Mark Renton.

Y salve, rey Andy. Viva el rey.

(Y Lisicki la reina consorte. De todo torneo. Gane, pierda o no se presente, sépanlo)

This entry was published on July 10, 2013 at 9:48 am. It’s filed under Deportes and tagged , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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