El cuaderno del bolsón
Captura de pantalla 2013-10-30 a las 08.27.35

Black Sabbath, o el gozne al terror

Ozzy Osbourne puede atemorizar. Sobre todo cuando una tenue penumbra cobalto le delinea el rostro compungido, delirante, las mejillas contraídas, las pupilas dilatadas, llenas de oscuridad, la sonrisa entre pícara y maligna. Realmente maligna. Osbourne personifica la diferencia entre el ‘ser’ y ‘estar’. No está poseído. Es poseído. Gala de histrionismo, sus manos arqueadas anuncian el pandemónium venidero. La guitarra de Tommy Iommi escupe hierro fundido. Sus densos acordes de plomo acompañan el ritual exorcisante al que se ha sometido Osbourne. Es el paliativo para liberarle del demonio que le ha apoderado. O quizá todo lo contrario. Es la sinfonía de la posesión. Levadura del terror. El combustible de la insania. El hechizo que abre la puerta oxidada para que los espíritus de la noche entren y moren. Y los incontenibles dedos miles de Geezer Buttler, que aporrean las cuerdas de su bajo imperial; la noche más oscura parece emerger del vertiginoso vibrato infernal que causan. Y el doble bombo de Brad Wilk –ex Race Against The Machine- que machaca los corazones y retumba los huesos, la epidermis, electrocuta los tendones; un martilleo inexorable. El fantasma embadurnado de cocaína de Bill Ward. Y la noche de sábado, o la noche de Sabbath, negra, qué no, en el Foro Sol.

La oscuridad se ha instalado. Sirenas de guerra. Chirridos de demencia. War Pigs, plomiza letanía anti-guerra, dio inicio al ritual del sábado otoñal conquistado por la negrura. Sabbath es una amalgama de estilos sin nexo lógico. Iommi y Ward y el jazz. Buttler y Frank Zappa, cualquier cosa que Zappa fuera. Ozzy y el soul, con entronque en la cursilería pre-hippie de Los Beatles volcada en ‘Revolver’. De la mezcolanza, los dedos de plástico de Iommi y sus cuerdas distendidas y desafinadas, germinó el heavy metal y ochocientos mil subgéneros más. Acaso la banda más influyente de los tiempos. Un sábado negro, donde todo empezó. El epítome de la creación tiñó el cielo chilango negruzco con trazos carmesí; luego fue de ocre pringado de brochazos crasos luminosos, como la luz asomada bajo el velo de la nocturnidad, ya cuando la noche era lo suficientemente tenebrosa. Cuando sonaban Into The VoidUnder the Sun/Every Day Comes and Goes, insoportablemente potentes. Himnos de la pesadumbre.

Sabbath es desdén al espíritu mundanal. Santificación (vaya paradoja) de lo sombrío, lo tétrico, lo inanimado que cobra vida. Sabbath es un agente de la estética de lo siniestro. “Lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”, dilucida Freud. Lo siniestro apela a la curiosidad y la repulsa. El querer ver sin ver. Los ojos tapados por las palmas de las manos, con los dedos apenas separados y los ojos entreabiertos. El sentimiento que nace de la incapacidad para asumir nuestra condición de seres mortales. La angustia de imaginar la finitud de la existencia. Ese temor, diría Freud, desata a la vez placer, en tanto al momento que lo oculto se nos desvela, sentimos fascinación al presenciarlo en el otro, y no en nosotros. El que sufre es otro. Y nosotros, a salvo, somos espectadores caprichosos, afortunados, inermes. El terror, apunta Losilla, conecta con las fantasías más íntimas. Cuando el sol se apaga y el metálico tritono -la manifestación sonora del inframundo, clamaban los monjes medievales- recorre la dermis a forma de impulso eléctrico, y las campanas lóbregas presagian un juego de ouija que se vuelve real (Black Sabbath, 1970). Sin que apenas veamos las sombras de quienes nos rodean, Sabbath ya nos ha hecho suyos. Las pantallas muestran hostias remojadas de sangre, cadáveres incinerados, modelos de pechos turgentes. Sin querer ver vemos. A la imprevisibilidad de la noche entregamos nuestros miedos más ruines y nuestra fascinación. Sabbath lo sabe. La noche ya es tremebunda.

Por dos horas, el lirismo amenazante de Sabbath se dedica a aterrarnos. Nos fascina. Ozzy, quien ejerce de regordeta majestad de ultratumba, pontifica sobre festivales cocainómanos, cerdos que hacen la guerra, imbatibles hombres de hierro y niños en tumbas, mientras caemos hipnotizados ante el hechizo de su voz apretujada, eléctrica, angelical, y los acordes rasposos y fúnebres que dispara Iommi. La música de Sabbath tiene alma. El Príncipe de las Tinieblas ostenta su título, no en vano, aunque es cierto que hubieron ya tiempos, paradójicamente, más luminosos. Aún así, Ozzy es capaz de invocar a la oscuridad con su voz. En su delirio, hace una pregunta que haría Nietszche, y que demolería las buenas y mojigatas conciencias. Iron Man desata los demonios. Aquelarre conducido, desde el altar, por el Príncipe de las Tinieblas, cuando el Foro Sol, muerto en noche, nunca tuvo más vida. Las cabelleras en frenético bailotear, empapadas, poseídas. Los puños apretados. Las guitarras de aire. Las cabezas en eterno vaivén, asintiendo al ritmo del más brutal acorde sonado. Un chico de 18 años que lloraba delante mío. Un señor de 70, quizá, a mi derecha, cuya cabeza revoloteaba suavemente, como la de Tommy Iommi, en pleno solo de Paranoid, un solo infranqueable, galopante, monstruoso. La música eterna. La transfiguración. Black Sabbath trascendió. El recital profano completó la metamorfosis. Sabbath era todo, los cuatro sublimados en la oscuridad que nos rodeaban, la noche de sábado que nos vigilaba.

El concierto terminó cuando no distinguimos si era el fin del principio, o el principio del fin. Cuando tan oscuro era que no sabíamos si habría amanecer. Amén.

This entry was published on October 30, 2013 at 7:26 am. It’s filed under Crónicas de conciertos, Melodía and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: