El cuaderno del bolsón
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Acto 2. La fuerza del destino (y de Nervión)

Instrucciones de lectura: (1. reproducir audio. 2. leer)

“Sabe si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada”

Gustavo Adolfo Bécquer hablaba de los rojos labios de Sevilla. Rojos como el Sevilla. Rojos como la sangre de los guerreros de Heliópolis que ha tinto el Guadalquivir de carmesí. Sangre que brota de corazones desgarrados. Corazones envalentonados, denodados, que fenecieron de cara al cielo sevillano sólo hasta cuando no hubo pólvora para la última bala, la de Nono, escupida por el revólver en dirección a Nervión. Noche de equinoccio. La primavera ha llegado a Sevilla. Roja es.

Don Álvaro, el Sevilla. Don Carlos, el Betis. Enfrentados por el destino cuando defienden una misma causa, la Sevilla celestial, cuando ambos han advertido la identidad del otro. La noche en Heliópolis fue un manjar: garbanzos con bacalao, pescaito frito, tortilla de patatas. Muy andaluza, pues. Una noche de Feria. Un drama musicalizado por Verdi. Primó la voz de Alberto Moreno, cuyo cante profuso y rasposo, estremecía hasta las entrañas y electrocutaba la dermis: “qué guapa que está Sevilla. Olé y olá”. Comparsas de Moreno fueron los tocaores, Reyes, apodado “La Perla”, y Bacca, curtido en la cumbia colombiana. Del Betis algunas noticias. Mucho rasgueo y trémulo, sin copla. Fandango sin castañuelas.

Verbena en el Benito Villamarín, escaldado, abrazado por el fuego, encendido. Salió timorato el Betis, a custodiar la conquista en Nervión la semana pasada: el joven caudillo Adán y el corazón de la Sevilla enamoradiza. Fue el Sevilla un purasangre cabalgando por las casetas de Feria, entre jarras de rebujito, las luces de los farolitos, paseíllos y remates. Fue justo el estético remate de Reyes, potentísimo, con toda la fuerza del pié, y de eco sobre la madura hueca, el que detonó el partido. El campo del Villamarín fue una pista de baile: “el fútbol es un baile entre 22 hombres”, escribió alguien, no recuerdo quién, quizá sevillano. El zapateado hizo temblar Sevilla entera.

Poco más tarde, cuando la noche se instaló sobre Heliópolis, el Betis bailó con más ahínco. Se sentó el Sevilla, fatigado por los desplantes hechos. Sin alardes supérfluos, el rasgueo de Rakitic dictaba la métrica que regía el andar sevillista. Baptistao casi canta más alto que todos, pero su voz se perdió difuminada por el eco. El primer impacto suyo rasguñó la guarida de Adán; al segundo, el pie de Adán se alargó tanto como para evitar que un soplido cruzara la Puerta de la Macarena. Siguió Baptistao ensayando, sin alcanzar el jadeo agitanado. Terminó sentado, no obstante el esfuerzo. También intentaron Rubén Castro y Salva Sevilla. Mención honorífica para Cedrick, quien cuando vacía el tanque de gasolina, se vuelve el AVE; sólo un defecto, nunca se detiene en Santa Justa. Más y mejor jadeaban las gradas del Villamarín, siempre leales, siempre admirables. Pero Marko Marin armó jolgorio y dejó el remate a Bacca. Olé, con acento colombiano.

Tiempo extra. Adán defendió con sangre su conquista. Detuvo la doble metralla de Bacca y Gameiro, cuando el Guadalquivir corría furibundo, cuando la noche hervía más que nunca. Indestructible. Llegaron los fusilamientos. Poco después de que N’Diaye tiró empachado de rebujito, Nono casi resbala con el vestido de sevillana. El Betis murió, apuñalado en el corazón por uno de los suyos, como Leonora. El Sevilla se conjuró para salir victorioso de la pasión y el desenfreno.

“La vida es un infierno para aquellos que son infelices”, clamó Don Álvaro cuando tuvo que huir a la guerra. “Como se arranca el hierro de una herida / Su amor de las entrañas me arranqué / Aunque sentí al hacerlo que la vida / Me arrancaba con él.”, escribió Bécquer, pensando en el dolor bético que le aquejará, quizá, de por vida. Porque ha quedado escrito que el “Euroderbi” lo cantó más ‘jondo’ Nervión. Por los tiempos. La noche de Heliópolis fue un infierno para el Betis, cuando la primavera avistaba en el horizonte. Pero ha llegado la primavera a Sevilla. Roja es.

This entry was published on March 21, 2014 at 3:48 am. It’s filed under Crónicas fútbol, Deportes and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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