El cuaderno del bolsón
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[#CiudaddeGol] Pura maravilla

Costa Rica es feliz. Ya lo era antes del cabezazo fulgurante de Ruiz y las estiradas imposibles de Navas. País verduzco, frondoso, país de sonrisa y pura algaraza. Pura vida. Fue Costa Rica muy cándida y sapiente, como su pueblo. Italia muy rácana y amorfa. Supeditada a la inspiración de Pirlo, quizá todopoderoso pero no milagroso. Fue la Italia que no merece Pirlo, gruñona y ofuscada. Topaba de bruces consigo misma, estéril y anémica. Extraviada en la selva tica, sin brújula ni horizonte, ni ostentó el más mínimo afán de supervivencia. A la Italia aburguesada de Prandelli le quedó extirpada su razón de ser: el instinto. Desprovista de la malicia para sobrevivir entre el barullo y el caos, Italia feneció sin mayor asomo de sangre y furia; sin desgarrarse la azzurra, como en antaño.

Ya de inicio, los ‘ticos’ copaban el césped. Duarte asfixió a De Rossi y Tejeda y Borges custodiaron a Motta y Pirlo. Cortocircuito. Borges deshilachó los cables que vitalizan la maquinaria de Prandelli: en su ideal, un tren magnífico, rugiente, incontenible, tal como concibió Filippo Tommasso Marinetti. Y sin electricidad no hay función, sin función no hay velocidad, sin velocidad no hay belleza. Sin belleza, queda la nada. Italia fue la nada. Y Costa Rica el todo.

El estrabismo de Motta fue sintomático de la Italia febril. Borges dictó liturgia y las galopadas de Campbell quebraron los vitrales del Duomo de Milán. Balotelli fue Dante en el purgatorio. Igual, dispuso de dos opciones: primero intentó clarear a Navas, su chuchería, de intención maligna, se perdió tras el cal; luego impactó al girar sobre sí mismo, contuvo de nuevo Navas. Todo lo anterior, surgido de una ventolera de inspiración de Pirlo; tiró de escuadra y compás, muy ‘davinciano’, y trazó, y trazó, hasta que el lápiz achuchó. Sus mejores minutos fueron los de Italia. Tras el oleaje, Costa Rica no perdió la compostura. El cuero cayó como cascada a la cabeza de Ruiz, golpeó el larguero y botó tras el cal, en tierra de gloria. Osses no dudó, ni cuando su estrabismo no le permitió ver cuando Abate tumbó al bullicioso Campbell. Pura faramalla. Pura alegría.

Cassano inyectó jovialidad a Italia, pero su efecto amainó pronto. En las palmas de Navas se apagaron los chupinazos de De Rossi, Marchisio y Candreva. Cada cuanto, Bolaños comandaba el paso adelante que daban los ‘ticos’. Umaña , Borges, Bolaños, González, Ruiz, con entronque en Campbell. Señoriales. El balón al césped. A ratos, Costa Rica relució el capote. Golosos, Como quien engulle un casado y un pati de limón. Italia tuvo poca historia. Terminó encapotada, arrimando la boca hacia el pecho, al borde del soponcio cuando la comba de Borges dibujó la forma de la cúpula de Brunelleschi. No cayó, por poco. ‘Qué tiro, mae’.

La plutocracia la derrumbó Costa Rica, igual al análisis de silogismo, el tópico, y desnudó la torpeza del periodista enfundado de pitonisa. Quinielas, papeles y humo. Qué va. Costa Rica juega al fútbol. Es que Costa Rica es un país muy feliz. Y ya lo era.

This entry was published on June 21, 2014 at 5:11 pm. It’s filed under Crónicas fútbol and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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